Cyberbullying y el suicidio de Carla
Con motivo de mi próxima intervención en medios de comunicación, me gustaría preparar un post que sirva como resumen de los conceptos básicos que pretendo transmitir en los pocos segundos que se emitan durante mi aparición. Ya os daré detalles, con otra entrada en este blog.
Hablemos, en segundo plano, de temores, de miedos insuperables, de angustias y de presión, pero no al estilo de mis entradas anteriores, que por extensas harán a más de uno quedarse en el camino. En esta ocasión y para el resto de posts ya, será mucho más corto.
Educadores, educadoras, padres y madres: desconocéis cómo funciona Internet y los efectos que provoca. Ignoráis los mecanismos de expansión de contenido. Obviáis la importancia de entender las reglas del posicionamiento en un medio. Cómo influir en la reputación. Qué hacer para crear y mantener una marca personal. Limitar el acceso a los datos privados. Asegurar redes y contenidos personales.
En resumen, los adultos que están a cargo de las próximas generaciones son niñ@s digitales (experimentalmente hablando) y esa es la razón de la forma en la que escribí muchos de los capítulos del libro protagonista de esta página web: para que sepáis por qué es tan importante aprender a gestionar la educación digital de vuestros seres más queridos. La sociedad digital actual está en una profunda fase de infancia digital.
Suicidios como el de Carla, traen a las portadas y titulares la importancia de combatir el ciberacoso. Afortunadamente, hay medios, pero no se limitan exclusivamente a las nuevas tecnologías o investigaciones forenses. El carácter globáneo (termino acuñado para resumir en una sola palabra global e instantáneo) de Internet ejerce un efecto magnificador en la presión percibida y, como a día de hoy, el acoso físico suele venir acompañado de su variante digital, podríamos afirmar que el riesgo de afecciones psicológicas causadas por el acoso escolar es mucho mayor actualmente debido a los efectos catalizadores y multiplicadores de Internet (más específicamente, las redes sociales). Pero atención, que aquí entran en juego aspectos absolutamente humanos relacionados con la percepción y que son los que realmente provocan los tormentos internos, por lo que las “contramedidas” o soluciones ante el acoso digital no son simplemente digitales, sino que el enfoque necesario es multidisciplinar o, mejor dicho, multidimensional.
Controvertidos sitios web como Ask.fm, continúan proporcionando medios para agredir verbalmente a sus usuarios, de forma anónima. ¿No hemos tenido ya suficientes ejemplos de suicidio de menores por cyberbullying? ¿No debería reforzarse la legislación en este sentido? La exclusión social causa igualmente un daño importante, por lo que la solución no es privar a nuestros menores de que socialicen en la dimensión digital (aunque la primera medida ante el acoso digital a través de redes sociales sí es la disminución de la exposición a los comentarios negativos), ni tampoco que cierren las redes sociales.
Los legisladores, para atacar este tipo de problemas de forma global, que es el planteamiento necesario para medios globales, deberían plantearse, para empezar:
– Requerir que los educadores estén capacitados para impartir formación en cuestiones digitales (no hablo de tecnología principalmente, sino de uso y manejo del medio), mediante certificaciones, por ejemplo o a través de la superación de temarios específicos con sus correspondientes reciclajes.
– Que las empresas que están al frente de redes sociales ayuden a combatir el problema con mecanismos que eviten el anonimato (podéis ver en el ejemplo de la foto que encabeza esta entrada, que he enviado un comentario a una chavala que no conozco de nada y sin registrarme), auditando y acreditando con sellos de confianza o seguridad del menor, a aquellas que estuvieran dispuestas a colaborar a ciegas con el propósito de defender siempre los derechos e integridad de los menores.
– Que los padres y madres asistan a formaciones y reciclajes en materia de educación digital (sin olvidar el enfoque físico tan acertado de asociaciones como la AEPAE, bien sea en cuestiones de prevención o tratamiento de casos ya sufridos) o deleguen en centros especializados la adquisición de conocimientos esenciales por parte de sus hijos.
En fin, como todo en la vida, si no existen leyes que lo hagan obligatorio, no se hace. El contenido del libro aquí mostrado, debería estar asimilado ya en las cabezas de quienes legislan, quienes educan y quienes dirigen organizaciones o empresas. Porque todos son padres o madres y en cuestiones digitales, todavía son, muchos de ellos, unos “renacuajos” (usando aquí el término en sentido cariñoso, enfático, irónico y satírico) carentes de sentido común digital.
Tenéis muchas herramientas para combatir el cyberbullying, pero es necesario un poquito de interés y esfuerzo globáneo.
La condena a tareas educativas a la que han sido sentenciadas las dos jóvenes que acosaban a Carla, debería hacerse extensiva al círculo de adultos involucrado, porque se trata de prevenir, no de corregir algo que es incorregible: la muerte de Carla, en este caso.
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Eduardo Orenes
Autor de «CiberSeguridad Familiar: Cyberbullying, Hacking y otros Peligros en Internet»
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«Hoy es Mañana…»








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